DIRECTORIO DE PLANTAS DEL HOTEL SUNDANCE

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29 de junio de 2011

PLANTA 4 - HABITACIÓN 03

SINDICALISMO

Hay personas que hablan mal en público de los sindicalistas. Aunque la expresión que mejor define su discurso es “echar sapos y culebras por la boca”, buscando con los ojos y la sonrisa la complicidad de los que tienen alrededor. Y es que lo dicen como si necesitaran una confirmación del auditorio, signo (en mi opinión) de que no están demasiado convencidos de lo que expresan. Ante esto a uno, sindicalista y liberado a tiempo completo, sólo le queda escuchar, agachar la cabeza y no entrar en provocaciones. Para contestar hay diversas vías que no atentan a la libertad de opinión y que son un ejercicio de la libertad de expresión.


Dicen que ya está bien que tengamos tantos privilegios; que en el trabajo no los conocen porque están liberados; que si quieren hacer sindicalismo que lo hagan por las tardes en su tiempo libre; que son todos unos vagos; que cobran por no trabajar y otra serie de lindezas que no se sabe muy bien de dónde han salido pero que, seguro, provienen de algún medio de comunicación común a este tipo de personas. Y lo digo así porque este discurso es algo que se viene escuchando desde hace unos años, cíclicamente, y siempre se da en los mismos tipos de individuos. Podría describirles pero no sería elegante, háganse una idea aproximada y seguro que aciertan.

Ejerciendo mi derecho a la libertad de expresión hay que responder que para esto del sindicalismo vale cualquiera y que los “privilegios” que ellos nos achacan son accesibles a cualquier ciudadano porque hay unas leyes que los regulan y, desde luego, no limitan a nadie sea cual sea su manera de pensar o de entender la vida.

Pero, claro, para hacer sindicalismo “vale cualquiera” siempre que tenga un concepto alto de la justicia; de la lucha por la libertad de las generaciones pasadas; cualquiera que sepa entender que nuestros abuelos lucharon, y algunos murieron, por un sueño no realizado; cualquiera que tenga un mínimo concepto de que nuestros padres lucharon por la libertad y la democracia que tenemos ahora. Cualquiera que crea en la democracia; que tenga un concepto de lo que es justo y de lo que no lo es. Cualquiera que no se resigne; que se atreva a luchar por el futuro de sus hijos; o que lleve muchos años pensando que la democracia es mejorable y que tiene que llegar al pueblo, y a los trabajadores en las empresas, en mayor medida de lo que lo hace ahora (esto último parece que ya va sonando, nosotros llevamos muchos años diciéndolo).

Una gran parte de sindicalistas a los que podríamos llamar “jóvenes”, es decir que no provienen de la lucha contra el régimen dictatorial, hemos pasado por graves problemas laborales, hemos tenido un pie en la calle y algunos en la tumba, nos han hecho imposible la vida laboral, nos han acosado en el trabajo, nos han hecho mobbing. Pero en lugar de hundirnos, como lo hicieron muchos que no pudieron con tanto peso, hemos levantado la cabeza, hemos luchado por recuperar nuestra dignidad y la vía que encontramos fue ésta: luchar por los derechos de los trabajadores y trabajadoras. En el sindicato encontramos, en su día, el apoyo que no nos daba nadie en el trabajo donde éramos siempre el “payaso de las bofetadas”. Los coincidentes laborales sólo decían:“si el jefe acosa a éste será por algo y yo voy a hacer lo mismo para que no la tome conmigo”, que tremenda solidaridad la del género humano. Además, hemos sido elegidos democráticamente en unas elecciones. ¿Alguien elige al empresario o es el dinero quien lo hace? ¿Existen “elecciones empresariales”?

Así que, por lo tanto, antes de hablar de “privilegios” hay que comprender que estos son accesibles a todos y todas; antes de hablar de “vagos” hay que ver la paja en el propio ojo y admitir que no todos los sindicalistas “se quedan en su casa”, que algunos llegamos al trabajo en la sección sindical o al sindicato a una hora mucho más temprana que los “trabajadores sin privilegios” y que, antes de que el Movimiento 15M despertara, estábamos solos luchando por derechos democráticos para el pueblo y para las trabajadoras y trabajadores.


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