DIRECTORIO DE PLANTAS DEL HOTEL SUNDANCE

RECEPCIÓN

DIRECTORIO DE PLANTAS DEL HOTEL SUNDANCE

PLANTA 0: Restaurante, bar, cabaret, juegos de mesa.

PLANTA 1: Guerra Civil Española. Artículos publicados en distintas revistas temática

PLANTA 2: Relatos.

PLANTA 3: Ficción y elucubraciones.

PLANTA 4: Compromiso social y experiencias de un padre ante el sistema
educativo.

23 de junio de 2011

PLANTA 4 - HABITACIÓN 001

EL FIN DEL MUNDO

Recibí un email en el que se me invitaba a escribir algo para un concurso de relatos cortos. Una buena oportunidad, decía una amiga, algo sencillo, 600 palabras y terminaba diciendo: “anímate que hay tiempo de sobra”. Y esto último me dejó pensativo. ¿Cómo que hay tiempo de sobra? Si precisamente es ésta la época del fin, del fin del tiempo, del fin del mundo.
            Junio: fin de curso de piano; entrega de notas de piano a los padres y madres acompañados de abuelos, abuelas, hermanos, hermanas y demás familia política y no política; fiesta fin de curso de piano. Fin de curso de coro, fiesta fin de curso de coro. Fin de curso de piscina, entrega de notas de piscina, que no sé muy bien para qué demonios valen, si yo sólo llevo a mi hija a la piscina para que haga deporte y no me sirve de nada saber que saca un ocho en estilo libre o un cinco en mariposa. Fiesta fin de curso de piscina en horario laboral matinal de los padres y si los padres no pueden ir y los niños son pequeños, se ponen a llorar desconsoladamente sin entender que el borde del jefe del padre, o de la madre, no traga con escaqueos piscineros, es eso o te quito la productividad, mira tú qué listo nos ha salido éste.
Fiesta fin de curso del colegio, la gran estrella de estos días. Con entrega de notas a los padres, a los dos, por supuesto, no vale delegar en uno mientras el otro se queda en casa rascándose la barriga, a ver qué os habéis creído, si tenéis un hijo es para algo. Un montón de familiares dentro de un local cedido por el Ayuntamiento, sin aire acondicionado, en una tarde con viento del Sahara. Libre, por supuesto.
Después de dos horas y media de bailes, termina. ¡Bien, por fin!, ahora a casa a una cura de silencio después de una tarde de gritos estentóreos y sudor. Pero no, los niños y niñas quieren seguir celebrándolo tomándose todos juntos un helado y los padres y madres, claro está, tienen que acompañarles. ¡Vaya hombre! Y yo que creía que ya me había librado de esta panda de nuevos pijos, de esas madres desocupadas, de estos padres de sueldo altísimo y cara de suficiencia e importancia, cara de “me huelen los pies, como a todos, pero tengo más dinero que tú”.
Primero los padres y madres se quedan mirando con los brazos cruzados y en actitud de guardia civil vigilante, todo por la Patria, mientras los niños se encaminan a la heladería y la heladera pone cara de “qué tarde tan bonita, seguro que viene alguien y la jode”. De repente un padre mira a derecha e izquierda, divisa la terraza de un bar, sillas y mesas vacías, claro, con el calor que hace. La boca se le hace agua al pensar en una jarra de cerveza fría o en un gin tonic burbujeante y, en vez de irse solo, el muy mamón propone compartir un rato agradable, qué falso el tío, tomándonos algo juntos, que va a ser la última vez en este colegio, que al año que viene ya van al instituto, y sentarnos en unas mesas y sillas que a estas alturas de la tarde están al borde de pasar del estado sólido al líquido. Y nos sentamos, claro. Y ahora al llegar a casa va a haber que darse una ducha para enfriar las quemaduras producidas por la silla allá donde la espalda pierde su casto nombre. El camarero trae las bebidas con el mismo gesto que la heladera y observo que, como ha traído primero los vasos y ha tardado un poco en traer las bebidas, los hielos se derriten a una velocidad supersónica. Cuando trae la Coca Cola, la echo inmediatamente al vaso antes que el agua de los hielos entre en ebullición y lo levanto, no sin esfuerzo, escuchando un “clap” que imagino será porque el vidrio estaba también a punto de fundirse. Qué maravillosa tarde y ¿ahora qué hago con el vaso? ¿Lo dejo sobre la mesa y observo cuál es el punto de ebullición de la Coca Cola? ¿Me lo quedo en la mano disimulando?


Los niños y niñas se están poniendo perdidos y vienen a asaltar el servilletero con churretes de limón, de fresa, de piña para el niño y la niña. De paso acometen con mano pringosa la fuente de patatas fritas que el solícito camarero ha traído. Bocas infantiles llenas de patatas fritas y helado de chocolate y uno se pregunta: ¿estas bestias inmundas que no saben comer, tienen padres o tienen accidentes naturales biológicos? Porque nadie dice nada, ni siquiera un “no seas guarro, hijo”. Claro que, observando los gustos en bebida de sus progenitores, no hay por qué extrañarse. Porque ¿quién puede tomarse un café con leche, corto de café y en vaso de mediana, a las ocho de la tarde y con un sol justiciero cayendo inmisericorde? Aunque es probable que tenga sus ventajas, medito pensativo, entre otras que el café no se enfría, se queda calentito con la mesa a modo de placa solar, no hay que tocar el vaso ni tenerlo en la mano como en el caso de esta Coca Cola efímera, es barato y dura más tiempo. A veces pienso que el que no sabe de la vida y sus secretos soy yo.
Pero aunque esta ingesta de refrescos en tan agradable compañía, que no saben hablar más que de sus futuras y radiantes vacaciones, termine, siempre nos quedarán los demás tópicos de esta época de fines: los imprescindibles y nunca bien ponderados “antes de”. “Antes de” que lleguen las vacaciones tenemos que quedar para comer, para cenar, para una barbacoa grasienta y plena de colesterol. Aunque la época de pleno desarrollo de los “antes de” es el mes de diciembre y sus bombillas navideñas. “Antes de” que se acabe el año tenemos que vernos. Coño, como si cuando sonase la última campanada de las doce se agotara el tiempo, no hubiera más, no hubiera oportunidad de verse, ni de tomar cañitas, ni de cenar juntos y todo se desvaneciera de repente como una gigantesca pompa de jabón que hace “plop” y no se la ve más.
Pero esto es distinto. Sin duda alguna el mes de junio es el mejor para el fin del mundo, sobre todo por la proximidad de las vacaciones y el último día de trabajo porque ¿quién no ha escuchado alguna vez a un compañero que se despide de ti diciéndote: “que te lo pases bien, que te bañes mucho” y te da dos besos y te lo vuelve a repetir “que te bañes mucho” como si desprendieras un olor penetrante a no bañarse desde el año pasado? ¿Es que tiene envidia porque él se queda trabajando? ¿Me está llamando guarro por toda la cara? ¿Hay que considerar sus dos besos en la mejilla como si fueran los de Judas? Y entonces se le queda a uno cara de estupefacción y llega a pensar en no irse de vacaciones. ¿Qué me estará preparando este Judas para la vuelta?
El mes de junio es la época del fin del mundo mejor del año.

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