DIRECTORIO DE PLANTAS DEL HOTEL SUNDANCE

RECEPCIÓN

DIRECTORIO DE PLANTAS DEL HOTEL SUNDANCE

PLANTA 0: Restaurante, bar, cabaret, juegos de mesa.

PLANTA 1: Guerra Civil Española. Artículos publicados en distintas revistas temática

PLANTA 2: Relatos.

PLANTA 3: Ficción y elucubraciones.

PLANTA 4: Compromiso social y experiencias de un padre ante el sistema
educativo.

25 de junio de 2011

PLANTA 2 - HABITACIÓN 01

LA PRÓSTATA DEL ABUELO

            Durante aquellos días al abuelo se le agravó el estado de su próstata. Demasiadas emociones, miedos, silencios tenebrosos, sirenas, rugidos de motores, explosiones; los nervios se le dispararon. Sus viajes al retrete eran continuos, su vida transcurría de su sillón orejero al retrete y viceversa. Ni siquiera iba a la sede del sindicato a ver a sus compañeros. Solía decir, cuando alguien le preguntaba, que “desde la muerte de Pablo, llevamos 10 años de ineptos”.
            Aquella noche parecía más negra de lo normal. Alguien que había subido a la terraza había dicho que unos reflectores iluminaban el cielo. De repente, un rumor sordo.
–Eso que suena, ¿qué es?–. Las sirenas de las alarmas antiaéreas empezaron a ulular.
–Al refugio abuelo, al refugio. Son aviones.
–¿Y para qué? Ahí abajo no hay donde hacer pis.
–Venga abuelo, muévase. Luciana, bájate a los niños.
–Si esto es el barrio de Salamanca… Aquí están sus casas, aquí no bombardearán esos perros.
–Yo me bajo abuelo, usted verá lo que hace que ya es mayorcito.
–Me quedo aquí, apágame la luz.
            Y el abuelo se quedó sentado en su sillón, que fue de su padre, notando que el momento de ir al retrete se acercaba casi al mismo tiempo que el rugido de los motores y preguntándose si era urgencia o miedo lo que sentía. Ya se oían las primeras explosiones lejanas.
–Vaya, no puedo más –. Camino al retrete el suelo temblaba.
            Una vez allí el ruido fue un estruendo de motores y cascotes, como si algo se rasgara. El abuelo, con los pantalones mojados, cerró la puerta del baño y regresó al salón. Se encontró con el techo abierto, un montón de escombros y una tremenda nube de polvo que se iba retirando por la ventana que acababa de abrir. Sobre su sillón, el que fuera de su padre, una bomba de aviación, humeante aún, reposaba como si estuviera diciendo: “No haberte ido, estaba cansada, el viaje ha sido largo”. No había explotado.
–Bendita próstata… –dijo el abuelo mientras se dirigía a las escaleras.
           


J.M. Sánchez.


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